¡Vaya plan, ya están los de izquierdas! Recientemente, el Gobierno ha anunciado un aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que alcanzará los 1.184 euros mensuales en 2025. Esta medida ha generado un intenso debate entre empresarios, sindicatos y economistas, y nos es para menos con lo negativa que es.
Como directivo de una gran empresa y socio fundador de PYMES, quiero compartir mi punto de vista al respecto. ¿Será positivo o negativo?
Desde mi experiencia, creo que esta subida puede ser estratégica para mejorar el entorno económico y social, como lo demostró Henry Ford a principios del siglo XX. Ford duplicó el salario de sus empleados y redujo la jornada laboral, enfrentando problemas de alta rotación y bajo compromiso laboral. Con salarios insuficientes, sus trabajadores no solo abandonaban la empresa, sino que tampoco podían adquirir los automóviles que producían.
Tan olvidado en estos momentos y a la vez tan estudiado en las grandes escuelas de negocio por sus beneficios.
Su estrategia mejoró la productividad, incrementó los beneficios empresariales y consolidó una base de clientes fieles entre la clase trabajadora. Sí, es cierto, aquellos eran otros tiempos.
¿Pero y Mercadona? Con su “Legión” de trabajadores, que nadie dudaremos, bien pagados. Ford creó a sus clientes para vender coches, y Roig a los suyos para vender comida, ejemplo de a escala de cómo funciona la economía.
De hecho, hoy, en una economía que depende en gran parte del consumo interno, ejemplos Ford y Roig, necesitamos fortalecer el poder adquisitivo de la población. Cuando los trabajadores con menores ingresos reciben un salario más alto, su capacidad de consumo aumenta, beneficiando sectores como el comercio, la hostelería, la educación y la salud. Esta reactivación económica genera nuevas oportunidades para empresas de todos los tamaños.
Las mejoras salariales también afectan positivamente la retención y motivación del talento. Muchas PYMES enfrentan altos costos derivados de la rotación laboral. Un trabajador motivado y bien remunerado es más productivo y está más comprometido con los objetivos de la empresa.
Sé que algunos empresarios, sobre todo de PYMES, temen el aumento de los costes laborales, lo cual es comprensible dado que suelen operar con márgenes ajustados. Sin embargo, es crucial adoptar una visión a largo plazo, la cortoplacista es igual a miopía. Invertir en mejores salarios no solo reduce la rotación y mejora la productividad, sino que también fortalece el mercado interno, beneficiando a las mismas empresas. Las PYMES locales verán un aumento en la demanda de sus productos y servicios.
El progreso social y el desarrollo económico están interrelacionados. Una sociedad con alta desigualdad salarial sufre tensiones que afectan la estabilidad del entorno empresarial. Por el contrario, reducir estas diferencias salariales crea una base sólida para la paz social. Los trabajadores con salarios dignos tienen menos preocupaciones financieras, lo que mejora su rendimiento laboral.
La experiencia internacional lo respalda. ¿O sólo miramos al norte de Europa para lo que nos conviene?
Países con salarios mínimos elevados, como Alemania y los Países Bajos, mantienen alta competitividad económica sin sacrificar el bienestar de sus trabajadores.
Pero, Políticos no os relajéis, esto se debe a políticas que combinan salarios justos con estímulos económicos, apoyo a empresas y fomento de la innovación. En España, es esencial que el Gobierno y el sector empresarial colaboren para integrar esta medida en un modelo de crecimiento inclusivo, si no, terminaremos dando la razón a los negativos.
Es cierto que existen diferencias entre sectores y regiones. Algunas industrias pueden absorber mejor los costes, y las zonas urbanas no enfrentan las mismas dificultades que las rurales. Por ello, el diálogo social debe ser constante y enfocado en soluciones específicas. Gobierno, sindicatos y asociaciones empresariales deben diseñar planes de apoyo para las empresas más vulnerables, sin retroceder en los avances sociales.
No estamos ante un dilema entre beneficio empresarial o bienestar de los trabajadores; ambos conceptos deben complementarse. Henry Ford (y dale con el pasado, también Mercadona) demostró que mejorar los salarios es justo y rentable. Su visión transformó el modelo económico de su tiempo, creando una clase media fuerte que impulsó décadas de prosperidad.
Hoy, podemos aprender de ese ejemplo. Apostar por salarios dignos es una oportunidad para una economía más dinámica, equilibrada y sostenible. Aunque habrá retos, como la necesidad de adaptación empresarial y medidas temporales de apoyo en ciertos sectores, los beneficios superarán los costos iniciales. En un entorno donde los trabajadores prosperan, las empresas retienen talento y el consumo interno impulsa el crecimiento, todos ganamos.
El verdadero desafío no es si debemos o no aumentar el SMI, porque es un SÍ claro, sino cómo gestionamos este cambio hacia un futuro más justo y próspero para todos. Políticos y empresarios (sindicatos están dentro de políticos) hablen.