Sábado 1 de agosto de 2026
Nueva Economía

Las empresas andaluzas navegan hacia un otoño gris

Dice una frase popular que “ningún mal en calma hizo experto a un marinero”, y no cabe duda de que las empre­sas andaluzas están, actual­ mente, navegando en una tormenta que tiene perspectivas de empeorar en los próximos meses. 

No obstante, el entorno empresarial ha sido realmente hostil desde que, a comienzos de 2020, la pandemia COVID-19 cambia­ra nuestras vidas de forma abrupta a la vez que obligaba a parar buena parte de la actividad económica, añadiéndose en los últimos meses nuevos retos de índole económica que se unen a las ya duras consecuencias econó­micas de la crisis sanitaria. 

Y es que ha aparecido un nuevo actor en escena que había sido olvidado durante los últimos años: la inflación. En efecto, las con­ secuencias de la pandemia sobre la actividad y sobre la cadena de suministros global, junto con la escalada de los precios energéticos y, más recientemente, las consecuencias de la guerra en Ucrania, han llevado a que los precios se eleven a niveles no recordados en más de treinta años. Los datos de Andalucía, todavía de junio, son ilustrativos, puesto que la inflación alcanzó el 10,5%, a la vez que la inflación subyacente creció un 5,7%, señal que permite apreciar que la inflación no se circunscribe únicamente al ámbito energético o de alimentos no elaborados, sino que se está trasladando, sin pausa, a toda la actividad económica. 

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Desde la perspectiva empresarial, los pre­cios industriales experimentaron, en junio, un crecimiento anual del 62,2% en Andalucía, debido, principalmente, de la evolución de los precios de la energía, que alcanzaron un cre­cimiento del 125,4%. A la vista de las cifras, no cabe duda del impacto que las empresas están soportando a raíz del actual proceso inflacionario. 

Asimismo, desde un punto de vista de crecimiento económico, la situación representa el grado de incertidumbre impe­rante. Por una parte, el segun­do trimestre ha sorprendido (comparando con los datos del primer trimestre del año) por su crecimiento económico trimestral, que ha alcanzado el 0,8% en territorio andaluz. Sin embargo, el impacto que la inflación está teniendo en el consumo y en la actividad em­presarial ha llevado a reducir el crecimiento esperado para este año (BBVA Research estima un 4,2% de crecimiento anual frente al 5,2% que estimaba a inicio de año para Andalucía). 

Por otra parte, bajo la óptica del empleo, el segundo trimestre cerró con una tasa de paro del 18,68% en el ámbito anda­luz, que mantiene el ya clásico diferencial significativo (y negativo) respecto a la media nacional. No obstante, los datos del paro registrado de julio del Servicio Público de Empleo Estatal (sin desestacionalizar) muestran una reducción de 2.263 personas en Andalucía, lo que refleja una mejor posición relativa de la región respecto a la negativa situación nacional de ese mes que reflejan los datos homogéneos. 

El entorno es complejo, pero ¿cuál es la situación de las empresas andaluzas para afrontar los retos que se presentan en su día a día? 

Para responder a esta pregunta, el mejor indicativo disponible de la situación eco­nómico-financiera de las empresas son sus cuentas anuales, todavía correspondientes a 2020, año de estrés económico incompara­ble. De hecho, y a pesar de la situación, las empresas andaluzas mostraron un resultado medio del ejercicio positivo. Esta fortaleza en los resultados permitió alcanzar una rentabili­dad financiera positiva del 4,59% y una ratio EBITDA entre ingresos de actividad positi­va y superior al 7%. Asimismo, las cuentas anuales permiten aflorar una adecuada ratio media de liquidez del 1,55, aunque la ratio de tesorería apenas alcanza el 60% de las obligaciones más inmediatas. 

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No obstante, no se debe bajar la guardia porque, desde una perspectiva de endeuda­ miento, las empresas andaluzas muestran una autonomía financiera que refleja que los fondos propios suponen el 90% del pasivo exigible. Considerando que la evolución de la inflación ha llevado al Banco Central Eu­ropeo a decidir la mayor subida de tipos en 22 años, el incremento de los costes de deuda se convierte en una palanca de vulnerabilidad financiera. 

En definitiva, las empresas andaluzas se encuentran en un entorno especialmente incierto y difícil. Los datos arrojan nubarro­nes tras el verano. Sin embargo, las empresas no están exentas de fortalezas que permiten afrontarlo, aunque ello no exime a los em­presarios de replantear sus estrategias, espe­cialmente con el fin de afrontar la dinámica inflacionaria y su impacto sobre los gastos y las ventas y el reto de las subidas de tipos de interés que incrementan, irremediablemente, el coste de la deuda y la probabilidad de vul­nerabilidad financiera. Una vez más, serán las empresas más saneadas en la época de bonanza las que naveguen mejor a través de la tormenta, aunque tampoco se debe olvi­dar que estas empresas no han navegado en ningún mar en calma desde inicios 2020. Es por ello que las políticas públicas deben, irremediablemente, configurar el mejor entorno posible para apoyar la iniciativa empresarial y su adaptación al difícil entorno económico. 

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