La brecha laboral en Andalucía limita la autonomía económica de las mujeres
Las mujeres andaluzas mejoraron su situación laboral en el segundo trimestre de 2026: bajó su desempleo y aumentó su participación. Es importante conocer y reconocer estos avances. Incorporar y aprovechar mejor el talento femenino puede ampliar la capacidad productiva de Andalucía, fortalecer su competitividad y contribuir al crecimiento económico, favoreciendo la autonomía de las mujeres.
La EPA sitúa la tasa de paro femenina en el 16,4%, frente al 13,0% masculino. La distancia se mantiene también en la participación laboral: la tasa de actividad fue del 52,1% entre las mujeres y del 63,7% entre los hombres. Hay mejora, pero el punto de partida continúa siendo desigual.
El avance no se limita a la comparación con el trimestre anterior: la tasa de paro femenina bajó 0,8 puntos también respecto al mismo trimestre de 2025. Además, la tasa de actividad femenina subió 0,5 puntos trimestrales. Esta evolución es positiva, aunque no basta para dar la mejora por consolidada.
La Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2026 contabilizó 1.657.800 mujeres ocupadas y 324.800 desempleadas, frente a 2.023.400 hombres ocupados y 302.300 desempleados. Sumando ocupación y desempleo, la población activa ascendía aproximadamente a 1.982.600 mujeres y 2.325.700 hombres.
El desempleo femenino disminuyó en 11.800 personas respecto al trimestre anterior; el masculino aumentó en 17.200.
El paro registrado de agosto de 2026 refuerza la necesidad de atención: 323.166 mujeres y 207.090 hombres, según el Observatorio Argos. Ellas suponían el 60,9% de las 530.256 personas inscritas, frente al 39,1% masculino. Esta fotografía administrativa complementa la EPA, sin sustituirla ni permitir comparaciones directas.
La concentración del empleo femenino en servicios es otro elemento relevante: según el balance del Servicio Andaluz de Empleo para 2025, este sector reunía al 89,03% de las ocupadas. Aunque ofrece oportunidades diversas, esa concentración hace que sus trayectorias laborales dependan en gran medida de la evolución de unas determinadas actividades. Ampliar el acceso de las mujeres a otros sectores permitiría diversificar sus opciones de empleo y desarrollo profesional.
La calidad del empleo añade otra brecha. El balance del SAE para 2025 recoge que el 39,94% de los contratos a mujeres fueron a jornada parcial, frente al 18,03% de los masculinos. La temporalidad femenina fue del 21,24%, 3,14 puntos superior a la masculina.
Este contexto complementa los avances recientes. Las administraciones deberían priorizar los servicios de cuidados, la formación vinculada a oportunidades reales del mercado y el apoyo a emprendedoras mediante financiación y asesoramiento. Pero incorporarse al empleo es solo una parte del reto: también importa poder progresar y acceder a puestos de responsabilidad. Conviene analizar las barreras que frenan esas trayectorias, sin atribuirlas a una causa única ni asumir que los cuidados corresponden a ellas.
Reconocer la mejora no puede convertirse en una excusa para bajar la exigencia. Las políticas públicas deben facilitar que más mujeres trabajen, emprendan y participen en las decisiones económicas. Aprovechar sus conocimientos y capacidades es una oportunidad para innovar y crecer. La igualdad necesita resultados verificables: más autonomía, oportunidades de promoción y talento al servicio del desarrollo andaluz, también fuera de las grandes ciudades.