Sábado 1 de agosto de 2026
Nueva Economía

Más sanchistas que Sánchez

"Llevaba más de veinte años esperando a que llegasen a la Junta de Andalucía los nuestros” me dice un compañero profesor “y ahora resulta que, cuando han llegado no se ha notado en nada: la Consejería de Educación es más sanchista que Sánchez”. En efecto, por mucho que el partido gobernante en nuestra Comunidad haya vertido más que justificadas críticas a la LOMLOE, en su aplicación a partir de este curso se está convirtiendo en el principal abanderado de una reforma educativa que, debido a la multiplicación hasta el paroxismo del papeleo burocrático inútil -algo que se pretendía eliminar en su programa electoral- , se está convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza para el profesorado de España en general y de Andalucía muy en particular.

Más allá de la palabrería hueca para incautos de toda reforma educativa (ahora no hay “contenidos” sino “saberes básicos”, por poner un solo ejemplo de la vieja táctica de cambiarle el collar al perro), han aparecido nuevos “elementos curriculares” (lo siento por los no especialistas, pero haría falta una tesis doctoral para explicar eso qué cosa es) con nombres tan espeluznantes como “perfil competencial de salida del alumnado”, “descriptores operativos de las competencias clave” o “competencias específicas”, por no hablar de los “indicadores de logro”.

Evaluar legalmente al alumnado se va a convertir en una misión imposible, toda vez que (espero que no se infarten al leer esto), dependiendo de la materia, hay que evaluar hasta veintitrés criterios de evaluación por cada alumno, todos ellos agrupados en torno a una serie de competencias específicas que, a su vez, se conectan con los descriptores operativos del perfil competencial de salida. ¿Han entendido algo? Pues eso. Este galimatías es difícilmente comprensible para los profesionales; imagínense a las familias o al alumnado intentando entenderlo. Y lo que en el fondo subyace es la idea de que el profesorado es arbitrario y caprichoso en su forma de evaluar. Lo que se desprende de la normativa emana de una criminalización del profesorado, al que se considera incapaz de evaluar con objetividad. Si hay profesores -una minoría- que no realizan bien sus funciones, para eso debería estar la inspección educativa, no para frustrar a la inmensa mayoría, que ejerce su labor con una actitud y entusiasmos impropios de la absurda carrera de obstáculos inútiles en que se ha convertido la docencia. Ser profesor hoy no consiste en dominar una materia para transmitirla con entusiasmo y formar personas, sino en buscar la manera de entender una legislación obtusa o rezar para que alguien detenga este desaguisado.

Otra novedad la suponen las “situaciones de aprendizaje” que, si bien ya ocupan un lugar relevante en la normativa estatal sanchista, en Andalucía -más sanchista que Sánchez- se pretenden convertir en el elemento central del sistema, toda vez que todo aprendizaje tiene que llevarse a cabo a través de esta nueva figura. La enseñanza, como pretenden estas situaciones, debe ser práctica y cercana al alumnado. Hasta ahí, de acuerdo. Pero no todo lo que es necesario aprender para formarnos adecuadamente debe reducirse a una enseñanza aplicada y cercana al entorno del alumnado. Un sistema que no potencie el desarrollo del pensamiento abstracto está condenado al fracaso, por mucho que los partidarios del inmediatismo pedagógico no quieran verlo. O -lo que es peor pero, me temo, más cierto- sí lo vean, pero sea lo que en el fondo pretenden: crear ciudadanos que no sepan pensar, fácilmente manipulables para cautivar sus votos.

Lo sucedido en el seno de la Consejería de Educación (ahora se llama de otra forma, lo sé: también este perro ha cambiado de collar) en los últimos años, en el ámbito del desarrollo educativo, ha supuesto un auténtico fiasco para los que esperaban -esperábamos- un punto de cordura; la aplicación de la LOMLOE ha llevado ese fiasco hasta el extremo. Señora Consejera: está usted aún a tiempo de detener este disparate que conduce irrevocablemente a la frustración de muchos profesionales, verdaderamente provechosos, que miran a diario el calendario contando cuánto tiempo les queda para jubilarse. Haga algo: está en su mano y contará con el beneplácito de una inmensa mayoría. Miles de docentes se lo agradeceremos.

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