2023, año de transición
Comenzamos el 2023 con el mejor de los propósitos. Es el momento de hacer planes, de intentar cumplir objetivos profesionales y personales y de retomar con fuerzas el curso.
Porque el que les habla, al llevar toda la vida en el mundo académico, los años empiezan y terminan en septiembre. En este contexto, todos nos preguntamos qué nos deparará el nuevo año y por supuesto el contexto económico es una de las cuestiones que más nos preocupa.
A la vuelta del pasado verano, las previsiones que teníamos para España, y por lo tanto para Andalucía, eran muy pesimistas, dado qué algunos modelos macroeconómicos apuntaban recesión técnica, con más de dos trimestres de crecimiento negativo en el PIB. Pero afortunadamente parece que eso ha quedado atrás. Es cierto que no vamos a crecer como el año pasado a tasas del 4%. Pero es que ese dato no era algo normal en una economía desarrollada y que era el resultado de un rearranque después de la pandemia provocada por la COVID-19. Seguramente hablaremos de tasa de crecimiento del PIB, tanto nacional como regional, por encima del 1% y muy probablemente, Andalucía crezca al menos un par de décimas por encima de España, como viene siendo habitual desde hace ya casi cuatro años.
Si me preguntan cuál es la variable macroeconómica a la que hay que seguir con atención durante el presente año, sin duda me refería a la inflación. Es una variable que afortunadamente tenemos controlada a nivel cuantitativo como ninguna otra, con datos mensuales tanto a nivel nacional, como regional, como provincial. Por lo que podemos pilotar su evolución de forma fácil. Esta variable, representada por el IPC, se ha vuelto fundamental para la evolución del resto del contexto macroeconómico. Por culpa del desajuste entre la demanda y la oferta agregada, después del rearranque económico, unido a la invasión rusa a Ucrania, todas las decisiones de política macroeconómica están pivotando sobre ella.
Para poder controlar dicha variable, el uso de la política monetaria se hace obligatorio, de ahí que tanto la Reserva Federal americana, para el dólar, el Banco Central Europeo para el euro, y el resto de los bancos centrales con sus propias monedas, están subiendo los tipos de interés de intervención para frenar la galopada del IPC. La consecuencia de la subida de tipos de interés por parte de las autoridades monetarias está provocando el incremento del precio del dinero en el que nos intercambiamos tanto los bancos comerciales, como los ciudadanos con dichos bancos comerciales. Las pólizas de crédito de las empresas se están encareciendo y las hipotecas, cada mes, el recibo sube en términos medios.
¿Hasta cuándo seguirá este proceso? En el caso de los Estados Unidos, parece que su subida de tipos de interés ya está teniendo efectos sobre el control de la inflación sin menoscabar tanto el crecimiento económico como la tasa de paro, que presenta de nuevo mínimos históricos con poco más del 5%. Pero en Europa la situación es diferente, teniendo ya el euribor al 3%, y el tipo de interés de intervención a punto de superar esa barrera. Hasta que Alemania no controle su inflación difícilmente el Banco Central Europeo parará la escalada de incrementos. Y ello tendrá como consecuencia el encarecimiento del precio del dinero, como decíamos, y las consecuencias macroeconómicas de paralización de la actividad económica. Y no nos olvidemos que hay algunos países de la Unión Europea que tienen tasas de inflación cercanas al 20%.
Por lo tanto, considero que el 2023 debería ser un año de transición: del crecimiento desmesurado entre el segundo semestre del 2021 y primero del 2022, a la ralentización del PIB en el segundo semestre del 2022 hasta el primer semestre del 2023. A partir del segundo semestre del 2023 deberíamos remontar el vuelo y pasar al 2024 con una buena tensión en el PIB.
Esta afirmación puede parecer poco ambiciosa. Pero creo que es realista. Aunque como digo siempre, ceteris paribus, que no nos encontremos con un nuevo lockdwon por nueva variante de la COVID-19, recrudecimiento de la guerra en Ucrania o que las elecciones generales se adelanten y paralicen España. Porque este año, como digo, será de transición, incluido para el Gobierno del Presidente Sánchez. Así, que pase rápido y pensemos ya en el 2024. Ya vamos tarde.