“Queremos que nuestros recursos se traduzcan en nuevos descubrimientos”
Diego Pozas, gerente de la fundación Medina
MEDINA es líder en el descubrimiento de fármacos a partir de Productos Naturales de origen microbiano. ¿Cómo nace esta fundación y qué supone un recurso científico tan valioso en términos de investigación?
Fundación MEDINA nace en 2008 como una alianza público-privada entre la Junta de Andalucía, la Universidad de Granada y MSD España, con el objetivo de preservar y potenciar en Granada una capacidad científica excepcional en el descubrimiento de fármacos a partir de productos naturales. Buena parte del equipo procede del antiguo Centro de Investigación Básica de MSD España, una trayectoria que aporta más de cinco décadas de experiencia en este campo y una cultura de trabajo muy ligada a los estándares de la industria farmacéutica.
Ese legado no es solo histórico: se traduce en conocimiento, tecnología y recursos biológicos únicos. Los microorganismos producen una enorme diversidad de moléculas como resultado de millones de años de evolución, y esa diversidad química es una fuente extraordinaria de nuevos compuestos con actividad biológica. Nuestra misión es precisamente convertir ese potencial en moléculas bioactivas, candidatos a fármacos y productos de alto valor biotecnológico capaces de responder a necesidades médicas e industriales que todavía no están cubiertas.

Desde Granada poseéis una de las mayores colecciones de cultivos del mundo, con 190.000 cepas. ¿Cómo se gestiona este recurso para convertirlo en soluciones farmacológicas y reales que aporten al ámbito sanitario?
La colección de MEDINA reúne 190.000 cepas de microorganismos -entre hongos filamentosos, actinomicetos y bacterias- procedentes de una gran diversidad geográfica, ecológica y taxonómica. A ello se suman amplias librerías de productos naturales que permiten explorar de forma sistemática la diversidad química que producen esos microorganismos. El valor está en combinar esa biodiversidad con una plataforma integrada de descubrimiento.
Seleccionamos y cultivamos los microorganismos, obtenemos extractos, los analizamos y los sometemos a ensayos de cribado de alta capacidad para detectar actividad biológica. Después, mediante microbiología, química de productos naturales, espectrometría de masas, resonancia magnética nuclear y otros ensayos, identificamos y priorizamos las moléculas más prometedoras. Así, una cepa conservada en una colección puede convertirse en el punto de partida de un nuevo antibiótico, un candidato a fármaco, una enzima o una solución biotecnológica con aplicación real.
El problema de la resistencia a los antibióticos preocupa cada vez más a los expertos. Desde MEDINA participáis en iniciativas como el proyecto NOVA-VRE para buscar nuevas terapias. ¿En qué punto se encuentra este reto y qué papel juega la investigación de nuevos compuestos?
La resistencia antimicrobiana es uno de los grandes retos de salud pública porque reduce progresivamente las opciones terapéuticas frente a determinadas infecciones. El problema exige actuar en muchos frentes y, entre ellos, es esencial mantener activa la búsqueda de nuevos mecanismos y nuevas moléculas capaces de superar las resistencias existentes.
En este contexto se enmarca NOVA-VRE, un proyecto iniciado en diciembre de 2025 y con duración prevista hasta noviembre de 2028, centrado en desarrollar nuevos enzibióticos frente a Enterococcus faecium resistente a vancomicina. El proyecto está liderado por Telum Therapeutics y cuenta, junto a MEDINA, con la participación del Instituto de Química Física Blas Cabrera del CSIC y la Fundación para la Gestión de la Investigación en Salud de Sevilla. MEDINA aporta especialmente su experiencia en investigación analítica avanzada. Proyectos como este muestran por qué la colaboración entre biotecnología, centros de investigación y sistema sanitario es clave para transformar conocimiento científico en alternativas terapéuticas.

Cada vez se habla más de la importancia de apoyar la ciencia, pero la financiación y el talento siguen siendo un reto constante. ¿Qué cree que hace falta en España y en Andalucía para cuidar mejor la investigación y a sus profesionales?
Para que la ciencia pueda generar impacto hacen falta tres elementos sostenidos en el tiempo: financiación competitiva y estable, carreras profesionales capaces de atraer y retener talento, y un entorno que facilite la colaboración y la transferencia. La investigación necesita continuidad; formar equipos, desarrollar tecnologías y llevar un descubrimiento desde una idea inicial hasta una aplicación requiere años de trabajo y capacidad para asumir riesgo científico.
España y Andalucía cuentan con excelentes investigadores, universidades, centros sanitarios y empresas innovadoras. El reto es conectarlos todavía mejor y ofrecer marcos que permitan desarrollar proyectos ambiciosos a largo plazo. En Andalucía, además, existe la oportunidad de consolidar polos científicos y biotecnológicos muy competitivos aprovechando infraestructuras como el Parque Tecnológico de la Salud de Granada. Apostar por el talento significa también ofrecer perspectivas profesionales, favorecer la movilidad entre academia e industria y reconocer que la ciencia es una inversión que genera conocimiento, empleo cualificado, innovación y autonomía tecnológica.
Además del ámbito farmacológico, MEDINA colabora estrechamente con sectores industriales diversos como la biotecnología, la cosmética o la agroalimentación. ¿Cómo se traduce esta ciencia en productos y soluciones de valor para la sociedad?
La misma plataforma científica que utilizamos para descubrir fármacos puede aplicarse a necesidades de otros sectores. Los microorganismos son una fuente de moléculas, enzimas y actividades biológicas con enorme potencial, y MEDINA trabaja con empresas y grupos de investigación en ámbitos como farma, cosmética, agroalimentación y biotecnología.
En la práctica, esto puede significar identificar una nueva cepa o un extracto con una actividad de interés, descubrir un compuesto bioactivo, desarrollar ensayos para validar su efecto, estudiar biomarcadores o caracterizar químicamente nuevas moléculas. MEDINA integra capacidades de microbiología, cribado de alta capacidad, química y análisis avanzado para acompañar ese recorrido. La transferencia se produce cuando ese conocimiento se orienta hacia una necesidad concreta de la industria o de la sociedad y se desarrolla en colaboración con los socios adecuados hasta generar un producto, un proceso o una nueva oportunidad de innovación.
De cara a los próximos años, ¿cuáles son los principales retos que se marca la Fundación MEDINA para los próximos años y qué mensaje le gustaría trasladar sobre la importancia de apostar por la ciencia y la investigación?
En los próximos años nuestro principal reto es seguir haciendo que un recurso científico singular como nuestras colecciones microbianas y librerías de productos naturales se traduzca en nuevos descubrimientos con impacto. Eso implica avanzar en áreas de gran necesidad, como las enfermedades infecciosas resistentes, y continuar desarrollando investigación en oncología, neurodegeneración, enfermedades parasitarias y microbioma, al mismo tiempo que ampliamos las aplicaciones biotecnológicas en colaboración con la industria.
También será esencial fortalecer las alianzas nacionales e internacionales y seguir incorporando nuevas tecnologías que permitan explorar de manera más eficiente la enorme diversidad biológica y química de nuestros recursos. MEDINA nació de la colaboración y ese modelo sigue siendo fundamental: ningún gran reto científico se resuelve de manera aislada.
El mensaje que trasladaría es sencillo: apostar por la ciencia es apostar por nuestra capacidad de responder a los problemas del futuro. Los resultados de la investigación no siempre son inmediatos, pero detrás de cada nuevo medicamento, diagnóstico o solución biotecnológica hay años de conocimiento acumulado. Mantener esa capacidad científica, formar a nuevas generaciones y dar continuidad a la investigación es una inversión estratégica para la salud, la economía y la sociedad.