Miércoles 5 de agosto de 2026
Nueva Economía

La sostenibilidad tiene nombre y apellidos en Andalucía

El papel de los profesionales de la responsabilidad social se ha convertido en un motor fundamental e imprescindible

Pues sí, lo han leído bien en el titular: la sostenibilidad tiene nombre y apellidos en Andalucía. Esa palabra que por un momento parecía que estuviese de moda, y que no había conversación en la que no apareciera, resulta que en nuestra tierra son muchos los que llevan años trabajando, impulsando a empresas, administraciones, universidades y a una sociedad que entiende, por fin, que el futuro económico de la región depende de su capacidad para innovar sin perder la identidad que nos distingue en todo el mundo.

En ese camino, el papel de los profesionales de la responsabilidad social se ha convertido en un motor fundamental e imprescindible para ordenar, acelerar y dar coherencia a esta transformación.

Son muchos, pero a mí me gustaría mencionar especialmente a Francisca Molina, CEO de Selezziona Consultores y delegada de DIRSE Andalucía, y a Aecio Dantas, director de Sostenibilidad de SILBON. Ellos son los encargados de aglutinar a una comunidad de profesionales que no sólo dan el valor que se merece a su trabajo, sino que además llevan a cabo una labor casi didáctica en DIRSE Andalucía (Asociación Española de Directivos de Sostenibilidad).

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Una organización que se ha marcado un camino que ya no tiene vuelta: demostrar que la sostenibilidad no significa renunciar al crecimiento de las empresas y, por consiguiente, de las personas, sino redefinirlo.

Y es que Andalucía ha pasado de ser una mera observadora a ser protagonista y líder en sectores como las energías renovables, la economía circular, la gestión del agua o la innovación social. Y lo ha hecho desde un convencimiento compartido: que el desarrollo solo es legítimo si es capaz de generar prosperidad económica, cohesión social y protección ambiental al mismo tiempo y desde la responsabilidad de las propias empresas y las personas.

Andalucía parte de una realidad compleja: un territorio extenso, diverso, con zonas rurales en riesgo de despoblación, un clima “muy particular” y una estructura productiva que durante décadas dependió de sectores vulnerables. Sin embargo, esa misma complejidad ha sido el punto de partida para convertirla en soluciones innovadoras.

Una “circunstancia” que tiene y debe convertirse en ventaja porque, tal y como dijo Manuel Ángel Martín, vicepresidente del Consejo Económico y Social de Andalucía, en el foro CEA “La Andalucía que queremos”, y que publiqué en el artículo de Tribuna de Andalucía de mayo dedicado al campo andaluz: “Andalucía puede liderar una nueva etapa basada en el territorio como motor económico. Y, en un país donde muchas regiones ya han agotado su margen de expansión, ese es un valor que no se puede desaprovechar”.

Porque aquí lo tenemos todo. Sol y viento que durante años no fueron utilizados porque no existía ni la especialización ni la innovación para llevarlo a cabo, y que ahora sitúan a Andalucía entre las regiones europeas con mayor capacidad instalada de renovables.

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Una innovación que también se está utilizando en el campo, liderando procesos de digitalización, eficiencia hídrica y regeneración del suelo. Enfocándonos en el turismo, este pilar económico avanza hacia modelos más responsables, con certificaciones, mediciones de impacto y estrategias para ajustarse a las nuevas demandas, que ya quisieran para sí más de un hotel en cualquiera de los países de la Unión Europea (que no hace falta irse a otro sitio para constatar que aquí, en Andalucía, estamos a años luz).

Este cambio no ocurre por inercia o porque sí. Ocurre porque hay profesionales que han decidido que la sostenibilidad no sea un discurso, sino una práctica diaria. Y ahí es donde DIRSE Andalucía ha marcado la diferencia por conectar, comunicar y transformar.

La delegación andaluza de DIRSE ha logrado algo que no es sencillo: crear un equipo profesional sólido, riguroso y con capacidad de influencia real. Su labor ha permitido que empresas grandes, medianas y pequeñas compartan metodologías, aprendan juntas y suban el nivel de exigencia en materia de sostenibilidad corporativa. Algo que sin Francisca Molina y Aecio Dantas hubiera sido imposible, porque han sido clave para que esta red sea ya un equipo de trabajo consolidado.

Ambos son unos pioneros porque han aportado una visión única, capacidad de diálogo y una sensibilidad especial para entender que la sostenibilidad es pura colaboración. Una colaboración en la que el enfoque integrador y la mirada técnica y rigurosa han permitido conectar la sostenibilidad con la gestión.

Su trabajo conjunto ha permitido que Andalucía tenga hoy una voz propia gracias a la fuerza y el entusiasmo que ponen en todo lo que hacen. Porque si ambos tienen claro algo es que es “justo y necesario” vertebrar Andalucía en clave sostenible. Hacer un mapa que sea reconocible y poner en el mapa a los hombres y mujeres que lo llevan a cabo.

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Porque esto va más allá de cómo se define el avance sostenible en Andalucía en temas de energía, transición ecológica o buen gobierno. Esto va de hacerla comprensible y de hacerlo desde la propia identidad. Esa que nos distingue y nos hace diferentes, excelentes no sólo por la capacidad que tenemos de reinventarnos, sino por la forma en la que lo hacemos. Porque, al igual que nosotros, también la sostenibilidad tiene identidad propia porque nace del territorio y de los andaluces. Se construye desde retos reales. Es colaborativa y conecta con nuestra manera de vivir, relacionarnos, ser y sentir.

Pero esto no lo podemos realizar solos. Necesitamos eso que muchos dicen ahora: “brújula”, y que es, nada más y nada menos, que profesionales de la sostenibilidad. Figuras estratégicas dentro de las organizaciones, instituciones y empresas. Ellos son quienes traducen los grandes marcos globales (ODS, taxonomía europea, CSRD y un sinfín de términos a aplicar). Y los que actúan como puente entre los distintos actores porque son los que conocen la realidad, las necesidades de cada sector y las oportunidades que ofrece Andalucía… y todo esto manteniendo, además, una visión global que resulta más que necesaria para anticiparse a lo que está por venir y, sobre todo, a los riesgos y lo que pueda pasar.

Así que sí, el trabajo de ambos, de Francisca Molina y Aecio Dantas, ha contribuido a consolidar esta figura, dotándola de prestigio, rigor y capacidad de influencia, y a posicionar a Andalucía como ejemplo y referencia no sólo en Andalucía sino a nivel nacional e internacional.

Andalucía tiene por delante retos decisivos y debemos tener claro que tenemos muchos desafíos porque nos tenemos que seguir adaptando a nuevos escenarios, atraer y retener talento especializado en sostenibilidad, acompañar a las pymes en esta transición regulatoria que se vuelve compleja por momentos, impulsar la innovación social y, finalmente, medir el impacto de todo lo que hacemos de manera más precisa, exacta y comparable.

Debemos estar preparados, aunque ya podemos estar tranquilos porque en Andalucía contamos con una gran ventaja competitiva: un gran grupo profesional comprometido, formado y con una visión clara del camino a seguir, fruto de los años de trabajo, experiencia, formación continua y especialización.

NOTA: Quédense con estos dos nombres, Francisca Molina y Aecio Dantas, porque ellos sí que son unos “influencers” de la sostenibilidad.

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