“Tenemos que romper el paradigma de separar naturaleza y ciudad y hablar de ellas como un elemento sólido y homogéneo”
Moisés Jiménez, director de Moisés Jiménez Arquitecto y Paisajista
En sus proyectos, el paisaje aparece como una herramienta para resolver problemas urbanos y ambientales. ¿Qué puede aportar hoy la arquitectura del paisaje a nuestras ciudades?
La arquitectura del paisaje es una disciplina muy amplia que va mucho más allá del diseño de jardines o el paisajismo ornamental.
Su principal aportación a las ciudades radica en utilizar la naturaleza como herramienta para ofrecer soluciones urbanas y ambientales de gran valor. Además de dotar a la ciudadanía de confort climático, infraestructuras verdes y bienestar a través de la biofilia.
Esta disciplina cumple una función ambiental y ecológica crucial: mitigar las islas de calor intensificadas por el cambio climático, absorber las altas concentraciones de CO2 e incorporar hábitats para especies locales.
Aunque la vertiente estética es importante, los valores ecológico y ambiental están por encima de lo meramente ornamental, una tendencia que ya se refleja tanto en los planes urbanísticos de grandes ciudades como en los concursos de contratación pública.
La gestión del agua y la biodiversidad son cada vez más importantes en el diseño urbano. ¿Qué decisiones tienen mayor impacto para crear espacios verdes resilientes?
Hay muchos aspectos a considerar.
En primer lugar, destacaría la permeabilidad de los materiales. El agua es un recurso escaso que debemos valorar, y durante décadas hemos creado una capa impermeable en las ciudades que altera el ciclo natural. El agua de lluvia que debería infiltrarse en el subsuelo y recargar los acuíferos se encuentra con superficies impermeables, provocando la pérdida de nivel freático y la alteración de los equilibrios y corrientes naturales subterráneas.
Por tanto, es importante renaturalizar el ciclo natural del agua, especialmente en las ciudades, ya que la permeabilidad es un factor fundamental que ya se está implementando bastante en los proyectos.
Otro factor clave son los materiales utilizados: que sean locales, reciclados, de segunda vida o cuya producción genere bajas emisiones de CO2.
Asimismo, debemos señalar la elección del tipo de vegetación, ya que cada especie tiene un hábitat natural y no funciona igual en todos los lugares. Hay que considerar los recursos hídricos limitados y la climatología para que el árbol o la planta se implanten con éxito.
Estos son algunos, pero podríamos mencionar muchísimos más factores, como la orientación, la captación solar o los elementos de sombra artificial.
En el litoral de Estepona propone conectar Sierra Bermeja con el mar mediante una red ecológica. ¿Cómo puede el paisajismo recuperar la conexión entre ciudad y naturaleza?
Para conectar la naturaleza con la ciudad, creo que tenemos que romper el paradigma de separar naturaleza y ciudad. En el futuro se empezará a hablar de ellas como un elemento sólido y homogéneo, donde lo verde y lo construido se integran y se necesitan mutuamente.
Lo fundamental es respetar las lógicas territoriales del lugar: las circulaciones de agua, los ríos, arroyos o las rutas de migración de aves. No solo conservándolas, sino fomentando nuevos hábitats integrados con la ciudad. La clave en el proyecto de Estepona fue precisamente esa, conectar Sierra Bermeja con el mar Mediterráneo mediante un corredor ecológico aprovechando las corrientes de agua y arroyos, como el Guadalobón o el arroyo de Marimacho, formando una verdadera red ecológica.
Mediante especies de árboles y vegetación de ribera, se planteaban sistemas de filtrado natural para que el agua de los arroyos desembocara lo más limpia posible al mar solucionando los actuales problemas de calidad del agua. Además, esta infraestructura verde incorporaba otros ecosistemas, como lagunas y bosques y actividades vinculadas al turismo activo, como escalada o tiro con arco, proponiendo una alternativa diferente en la Costa del Sol que integra múltiples valores.
A la hora de diseñar espacios urbanos adaptados al cambio climático, ¿qué elementos considera fundamentales para mejorar el confort y aprovechar mejor recursos como el agua y la vegetación?
Para adaptarnos al cambio climático debemos entender y diseñar las ciudades como ecosistemas. Por ello, propondría fundamentalmente, incorporar especies vegetales que sirvan no solo para las personas, sino también para la fauna local, las aves y los insectos.
A esto se suma la importancia de una orientación adecuada para lograr un mayor ahorro de elementos de protección solar. Además, debemos utilizar materiales con baja inercia térmica, ya que si colocamos elementos que al calentarse disipen el calor sin almacenarlo, fomentamos que cuando deje de incidir el sol, se enfríe más rápidamente. Y así evitamos el efecto isla de calor y conseguimos una sensación térmica más confortable.
Otro aspecto clave es aprovechar los recursos hídricos mediante sistemas urbanos de drenaje sostenible. Es importante que las ciudades cuenten con redes pluviales separadas de la red de saneamiento, ya que en muchos municipios se mezclan las aguas y se desperdician millones de litros que podríamos aprovechar para el riego.
En definitiva, el agua, la vegetación y la inercia térmica de los materiales son fundamentales para propiciar un espacio confortable y adaptable al cambio climático.
De cara a los próximos años, ¿qué proyectos serán más necesarios para conseguir ciudades más habitables y resilientes?
Inicialmente se están implementando todas estas variables en el espacio público, rompiendo afortunadamente la idea de que una plaza tiene que ser puramente dura. Hoy se habla de inercia térmica y de elementos naturales de sombra. En este caso, los árboles son preferibles a las pérgolas porque aportan humedad y, mediante el proceso de evapotranspiración, fomentan un descenso real de la temperatura que todos hemos experimentado en los parques.
Con esto quiero decir que la propia naturaleza ha de servirnos como catálogo de soluciones a incorporar a nuestros futuros proyectos. Si algo ha demostrado la naturaleza es su gran capacidad de resiliencia, por tanto debemos utilizarla e integrarla en los proyectos, que cada vez se volverán más multidisciplinares. Este ejemplo lo tenemos en ciudades esponja como Kongjian Yu (China).
Así pues, estas estrategias mientras antes salten de lo público a las construcciones privadas, antes saldremos ganando todos.