Sevilla y Dior, una unión con mucho duende
El pasado mes de junio, muchos sevillanos pudimos vivir desde dentro una de las grandes experiencias del mundo de la moda, el desfile de la Colección Crucero 2023 de Dior.
Llegó el gran día para la ciudad. La jornada comenzó con un maravilloso lunch para selectos invitados en La Corchuela, con la presencia de sombreros cordobeses confeccionados por el taller artesanal de Fernández y Roche y abanicos valencianos de Carbonell. Mientras tanto, cientos de profesionales de nuestra ciudad nos adentrábamos en un universo paralelo que sin duda ha cambiado nuestra visión de lo que es un desfile.
La emoción de todos los colaboradores que íbamos entrando por la puerta de Capitanía General era latente. El emblemático edificio, referente de la Exposición Iberoamericana de 1929, era el acceso al cielo de la moda por un día.
Una multitud de peluqueros, maquilladores, fotógrafos, personal de producción y estilistas de la Casa Dior se movían frenéticos en un espacio el que parecía que reinaba el caos, pero en el que cada uno tenía clara su misión. A sus órdenes, realizamos nuestras tareas como pequeñas hormiguitas ante la gran organización, expectantes por ver cómo se iría desarrollando el día y ávidos por absorber todo el aprendizaje posible. A cada minuto que se acercaba la hora del desfile, el ritmo aumentaba y nuestros nervios también.
Después de una calurosa tarde de experiencias intensas, a las 22.15 horas reinó el silencio en la Plaza de España para llenarse con el zapateo de los bailaores El Yiyo y Belén López que precedería a los primeros acordes de la Orquesta Bética de Cámara y el comienzo del desfile. En el interior, una larga fila ordenada de 110 modelos esperaba su salida al desfile por una de las puertas de la majestuosa plaza.
La primera de las modelos comenzó el largo recorrido con la música de fondo, un momento mágico. Mientras, las demás esperaban su turno para salir conteniendo un suspiro a la vez que un gran equipo les retocaba maquillaje, estilismo y se seguían haciendo fotos para inmortalizar cada momento. Todo bajo la atenta mirada de Maria Grazia Chiuri, directora creativa de la casa, que veía el desfile a través de una pantalla y se mantenía en calma en medio del frenesí.
Una vez realizada nuestra labor, muchos de nosotros vivimos la inmensa suerte de ver pinceladas de una noche inolvidable desde los balcones de la plaza de España, esos que han sido testigos de tantos acontecimientos culturales y que ese día sumaron una anécdota más a su historia. Todos sentimos que ese desfile llevaba una pequeña o gran parte de nosotros, como profesionales, y como ciudad. Toda nuestra cultura forjada en siglos y nuestra artesanía local unida en una colección que ha dado valor y relevancia a oficios arraigados de nuestra tierra. Sombreros de Fernandéz y Roche, bordados de Jesús Rosado, man- tones de María José Sánchez Espinar, joyas de Orfebrería Ramos, o la marroquinería de Javier Menacho Guisado luciéndose en una escenografía de ensueño que ideó el paisajista Fran Cisneros.
Después del aclamado desfile, todo el equipo Dior siguió en Sevilla fotografiando y produciendo contenido de los exclusivos diseños en muchos rincones de nuestra ciudad.
Sin duda, la mayor proyección de Sevilla a nivel mundial en el sector del lujo. Según el alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, “Sólo el impacto económico directo en promoción y comunicación de la ciudad supera los 100 millones de euros. Pero, además, hay que valorar el impulso que supone para la moda y la artesanía de Sevilla, que han estado presentes en los modelos del desfile. Dior, además, tiene un especial alcance en Francia, nuestro primer emisor de visitantes internacionales, donde hay un enorme margen de crecimiento especialmente en un turismo vinculado a la cultura y el patrimonio con alto poder adquisitivo”.
Es evidente que este hito en la moda de la ciudad supondrá un antes y un después en su posicionamiento. ¿Será este el primero de muchos desfiles de lujo en Sevilla?