Miércoles 30 de septiembre de 2026
Construcción

“Nuestra experiencia aseguradora y capacidad técnica nos permite acompañar a empresas de distinto tamaño y características”

José Luis Iranzo, director de desarrollo de negocio de empresas e Instituciones Publicas Mapfre

El sector de la construcción está afrontando nuevos escenarios de riesgo y proyectos cada vez más complejos. Desde la perspectiva aseguradora, ¿cómo han cambiado las necesidades de protección de las empresas constructoras en los últimos años?

Las necesidades han evolucionado al mismo ritmo que lo ha hecho el propio sector. Los proyectos son cada vez más complejos desde el punto de vista técnico, incorporan nuevos materiales y tecnologías y se desarrollan en un contexto en el que han ganado relevancia riesgos relacionados con los fenómenos meteorológicos, la digitalización, la cadena de suministro o las nuevas exigencias medioambientales.

Esto hace que las empresas necesiten una visión cada vez más integral de sus riesgos. Ya no se trata únicamente de proteger una obra frente a un posible daño material, sino de analizar el proyecto en su conjunto: desde su diseño y ejecución hasta la responsabilidad frente a terceros, la maquinaria y los equipos, las personas que intervienen o las consecuencias que puede tener una paralización.

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Desde Mapfre creemos que el seguro debe evolucionar precisamente en esa dirección: conocer muy bien cada proyecto, anticipar sus riesgos y ofrecer una protección adaptada a las características y necesidades concretas de cada empresa.

Una obra puede estar expuesta a daños materiales, errores de ejecución, accidentes o fenómenos naturales. ¿Cuáles son actualmente los riesgos que más preocupan a las empresas y cómo se pueden anticipar?

La construcción siempre ha estado expuesta a una gran diversidad de riesgos y probablemente esa sea una de sus principales particularidades. A los tradicionales —daños durante la ejecución, averías de maquinaria, accidentes, errores constructivos o daños a terceros— como mencionábamos anteriormente se suman otros que están adquiriendo mayor relevancia, como los fenómenos meteorológicos extremos, determinadas interrupciones en las cadenas de suministro o los riesgos derivados de una actividad cada vez más digitalizada.

La clave está en anticiparse. Un buen análisis previo permite identificar vulnerabilidades y adoptar medidas que reduzcan tanto la probabilidad de que se produzca un siniestro como sus posibles consecuencias. En ese sentido, prevención y aseguramiento deben ir de la mano.

Además, cada obra es diferente. Su ubicación, características constructivas, duración, entorno, materiales o empresas participantes determinan su perfil de riesgo. Por eso es fundamental contar con asesoramiento especializado y soluciones suficientemente flexibles para responder a esa realidad.

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El cambio climático está aumentando la frecuencia o intensidad de determinados fenómenos meteorológicos. ¿Cómo está influyendo esta realidad en la valoración de riesgos y en la planificación de los proyectos de construcción?

El cambio climático es ya un elemento que necesariamente debe incorporarse a la gestión del riesgo. Fenómenos como lluvias torrenciales, inundaciones, episodios de viento intenso, olas de calor o incendios pueden tener un impacto muy significativo tanto durante la ejecución de una obra como a lo largo de la vida útil de las infraestructuras.

Esto obliga a mejorar el conocimiento del riesgo y a incorporar cada vez más información a su evaluación. Conocer dónde se construye, qué exposición tiene una determinada ubicación y cómo puede evolucionar esa exposición en el tiempo ayuda a tomar mejores decisiones desde las primeras fases de un proyecto.

En un territorio como Andalucía, además, la adaptación y la resiliencia adquieren especial importancia ante riesgos como las altas temperaturas, la sequía, los incendios forestales o determinados episodios de lluvias intensas e inundaciones. El sector asegurador dispone de conocimiento y experiencia acumulados durante muchos años que pueden contribuir a mejorar esa capacidad de anticipación.

La rehabilitación y la mejora de la eficiencia energética están adquiriendo cada vez más protagonismo. ¿Qué nuevos riesgos plantea intervenir sobre edificios existentes y cómo debe adaptarse la protección aseguradora?

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La rehabilitación constituye una enorme oportunidad para mejorar la eficiencia energética, la sostenibilidad y la calidad del parque inmobiliario, pero trabajar sobre una edificación existente presenta particularidades diferentes a las de una obra nueva.

En muchas ocasiones se interviene sobre estructuras antiguas cuyo estado real solo se conoce completamente cuando comienzan los trabajos. Pueden aparecer patologías no detectadas previamente, instalaciones envejecidas, materiales diferentes a los previstos o incluso afecciones a inmuebles colindantes. A ello se suma la incorporación de nuevas tecnologías y soluciones energéticas.

Todo esto exige un análisis previo especialmente riguroso y una protección adaptada a las características de cada intervención. El seguro tiene que acompañar también esta transformación del sector y contribuir a que la rehabilitación y la transición hacia edificios más eficientes puedan desarrollarse con seguridad.

La digitalización también está permitiendo analizar cada vez más información antes y durante una obra. ¿Qué papel están jugando los datos, la inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías en la prevención y gestión de riesgos?

Están abriendo posibilidades muy importantes. La capacidad de disponer y analizar grandes cantidades de información permite conocer mejor los riesgos, detectar patrones y tomar decisiones con mayor precisión.

Tecnologías como la inteligencia artificial, el análisis avanzado de datos, los sensores o la monitorización en tiempo real pueden contribuir, por ejemplo, a detectar anomalías, conocer mejor el comportamiento de determinadas instalaciones o estructuras y actuar antes de que un problema termine convirtiéndose en un siniestro.

Para una compañía aseguradora, la tecnología es especialmente valiosa cuando se combina con el conocimiento técnico y la experiencia acumulada. En Mapfre entendemos la digitalización como una herramienta que nos permite mejorar la prevención, la valoración del riesgo y también nuestra capacidad de respuesta cuando se produce un siniestro. La tecnología no sustituye al conocimiento experto, sino que lo amplifica.

Más allá de responder cuando se produce un siniestro, la prevención gana cada vez más peso dentro de la gestión de riesgos. ¿Qué importancia tiene el asesoramiento especializado para ayudar a las empresas a identificar y reducir sus riesgos antes de que aparezcan?

Es fundamental. Nuestra función como aseguradora no debería comenzar cuando ocurre un siniestro. El mayor valor que podemos aportar a una empresa es precisamente ayudarla a conocer mejor sus riesgos y, siempre que sea posible, evitar que ese siniestro llegue a producirse o reducir sus consecuencias.

En sectores técnicamente complejos como la construcción, esa labor requiere conocimiento especializado. Analizar instalaciones, procesos, medidas de seguridad, exposición a determinados fenómenos naturales o posibles puntos críticos de una obra permite proponer medidas concretas de prevención y protección.

En Mapfre contamos con equipos especializados en gerencia de riesgos que trabajan precisamente desde esa perspectiva. Además, la experiencia adquirida a través de nuestra actividad aseguradora nos proporciona un conocimiento muy valioso sobre cómo y por qué se producen determinados daños.

Esa combinación entre conocimiento técnico, experiencia, datos y cercanía al cliente permite que la relación entre aseguradora y empresa vaya mucho más allá de la contratación de una póliza.

Con un sector de la construcción que seguirá cambiando en los próximos años, ¿qué papel quiere desempeñar Mapfre en esta evolución y cuáles serán sus principales prioridades?

Queremos seguir siendo un socio de confianza para las empresas y acompañarlas en su transformación. La construcción va a desempeñar un papel muy importante en algunos de los grandes retos que tenemos por delante: la adaptación al cambio climático, la rehabilitación del parque inmobiliario, la eficiencia energética, el desarrollo de nuevas infraestructuras o la transformación de nuestras ciudades.

Nuestra prioridad será seguir avanzando en el conocimiento y la prevención del riesgo, adaptar nuestras soluciones a las nuevas necesidades de las empresas y aprovechar la tecnología y los datos para mejorar tanto la protección como el servicio.

Pero hay un elemento que para Mapfre seguirá siendo esencial: la cercanía. En Andalucía contamos con una amplia presencia territorial y un profundo conocimiento de su tejido empresarial. Esa capilaridad, junto con nuestra capacidad técnica y nuestra experiencia aseguradora, nos permite acompañar a empresas de muy distinto tamaño y características.

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